Investigación

La investigación en el caso T-622 de 2016 sobre el Río Atrato empieza en el verano 2017, poco después la publicación de la decisión por la Corte Constitucional colombiana. La motivación inicial por atender al caso era un interés en la diagnosis del Antropoceno por parte de las ciencias del sistema terrestre y las consecuencias indefinidas para comprender la vida humana en esta época. Así, con la reformulación de las relaciones entre el humano y la naturaleza en términos jurídicos, la decisión abre un espacio experimental para pensar otras formas y normas de vida planetaria.

Siguiendo con la investigación, una pregunta fundamental surgió: ¿qué es un río?.
Es una pregunta pertinente a la vida cotidiana del Chocó pero también a la ontología del derecho como se muestra en la decisión T-622 de 2016. Comprender la contribución del Río Atrato es una manera de buscar justicia.

El Enfoque central de la investigación es la práctica de un río como sujeto de derechos: ¿Cómo se materializa la personalidad jurídica del Río Atrato?. A pesar del temprano proceso, se muestran los retos de implementación en un contexto marcado de violencia, negligencia estructural, instituciones deficientes, y una economía extractiva.
La tesis quiere narrar como las personalidades humanas y no-humanas navegan esta situación en busca de una vida digna.

Moremi Zeil Geógrafo, candidato del doctorado Universidad de Klagenfurt,
Austria.



El Río Atrato es uno de los ríos más destacados del mundo. Nace en el cerro Plateado, al occidente de la cordillera de los Andes, a 2700 metros sobre el nivel del mar. Tiene una extensión de 750 kilómetros (de los cuales 500 son navegables) y, a lo largo de su recorrido, recibe más de quince ríos y 300 quebradas. En su parte más ancha tiene una longitud de 500 metros y, en la más profunda, se calcula que puede llegar hasta los 40 metros. 

Ha sido catalogado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en sus siglas en inglés) como uno de los bancos genéticos más ricos del mundo debido a la variedad de especies que lo habitan, “refugio de una mega biodiversidad tropical única por hallarse en la cintura de América. En su composición, el 96% de la superficie continental está constituida por territorios colectivos de 600 comunidades negras agrupados en 70 consejos comunitarios mayores con 2.915.339 hectáreas tituladas y 120 resguardos indígenas de las etnias Embera-Dóbida, Embera-Katío, Embera-Chamí, Wounan y Tule, que corresponden a 24 de los 30 municipios del Chocó; el 4% restante está habitado por población campesina mestiza”. 

En las aguas del Río Atrato se reflejan algunos de los desafíos más importantes de nuestro país. El Atrato se enfrenta a una realidad compleja al ser la suma de prácticas de exclusión y discriminación frente a los grupos raciales y étnicos, la destrucción del territorio con el modelo extractivista, la historia de guerra y violencia a la que han sido sometidos los pueblos chocoanos, y el rompimiento y la modificación de una tradición cultural ancestral impuesta por una base económica alejada de sus formas cotidianas. En este escenario, varias organizaciones del Chocó con el acompañamiento de Tierra Digna se dieron a la tarea de apelar a las opciones jurídicas establecidas por la constitución e interpusieron una tutela que, como resultado, arrojó la Sentencia T-622 de 2016, la cual le otorga la figura de sujeto de derechos al Río Atrato. 

Este avance de investigación que presentamos es un trabajo de más de dos años en el que hemos cruzado el campo teórico con el práctico y que ha sido elaborado por Uramba TeVeLa Toma Producciones y Moremi Zeil, geógrafo y docente investigador del Institut für Geographie und Regionalforschung de la Universidad de Klagenfurt – Austria. Hemos concebido esta exploración en términos multidireccionales, pues lo novedoso de la decisión de la Corte Constitucional sobre el Río Atrato implica introducirse al tema a través de una metodología abierta y cualitativa, en la que se junta la perspectiva hermenéutica y la investigación acción. En un primer momento el acercamiento se realizó a través de la consulta de documentos de prensa y bibliografía extensa que permitió entender la perspectiva biocultural y ecocéntrica y posibilitó la cercanía al campo institucional, territorial y a los actores principales de la sentencia T-622 de 2016. 

En este sentido, hemos entrevistado a los referentes de la decisión por parte de la Corte constitucional, a Tierra Digna como representante jurídico accionante y al cuerpo de guardianes del Atrato, actores accionantes de la sentencia. En esta vía, hemos establecido una relación cercana con las organizaciones sociales del Chocó y con las y los  guardianes y nos hemos sumado a la campaña abierta: “Todas y Todos Somos Guardianes del Atrato”, con la producción de piezas audiovisuales que apoyan el impulso de la implementación de la sentencia. 

En este recorrido nos hemos encontrado con actores interesados en la decisión y se ha avanzado en diálogos para la creación de una alianza en la que se estructure el relato con múltiples voces, culturales, jurídicas y científicas, pues ha surgido material sustancial que trasciende lo lingüístico y parece fundamental para comprender las interrelaciones complejas que aparecen en el contexto del Atrato. El reconocimiento del Río Atrato como sujeto de derechos abre posibilidades de repensar relaciones y categorías de cosmovisión y es el intercambio de estas posibilidades la motivación central de esta investigación. 

Esta sentencia no sólo significa un nuevo entable jurídico sino que nos permite pensar al río como un ser vivo que cohabita con el resto de seres y forjan un mismo territorio. La decisión de la Corte Constitucional trasciende las distinciones comunes entre sujeto y objeto y entre el humano/-a y no-humano/-a y reconoce en el pensamiento original de los pueblos ancestrales una ruta que puede guiar los pasos de la humanidad entorno a la armonización de las diferentes formas de vida. 

El Atrato es el tercer río en el mundo en ver reconocidos sus derechos. Este hecho surge de una de las líneas jurídicas más vanguardistas del momento: los derechos bioculturales, y de un paradigma filosófico y político que lo sostiene: el ecocentrismo. Recuerda el Tribunal que bajo esquemas de pensamiento como este, el ser humano no se concibe como el dominador de la naturaleza, sino como un elemento más de un todo al que pertenece. “Un todo en el cual particularidades naturales determinan circunstancias culturales, de la misma manera, como significados y representaciones culturales transforman, respetan, moldean entornos naturales”. 

Hemos encontrado que esta perspectiva biocultural no es novedosa para las comunidades negras e indígenas que cohabitan la cuenca del Río Atrato, pues en sus narrativas revelan un sentido ligado a una ley de origen, en el que el cuerpo y el territorio se entrelazan y se reflejan recíprocamente. Este sentido se ha puesto en tensión con el influjo de un pensamiento occidental, cuya visión ajena ha generado una compleja dicotomía a la hora de establecer la convivencia con el territorio atrateño. Es justamente esta dicotomía de pensamiento lo que lleva a las comunidades a un debate en la comprensión de sí mismos y establece una narración polifónica creadora de relatos comunes capaces de inventar el mundo y crear realidad. 

La novedosa decisión de la Corte Constitucional Colombiana contiene un planteamiento filosófico, político y jurídico potente en la creación de significados que se dirigen a armonizar la relación Estado, naciones que componen el Estado y entidades naturales como seres que recrean la vida del territorio nacional. Es una decisión que el Estado colombiano se impone a sí mismo y que, de llevarse por buen camino, será sin duda alguna uno de los precedentes más importantes en la creación de una nueva era de pensamiento a nivel global.