MOTIVACIÓN

En el año 2016, recibimos con extrañeza y algo de alegría inocente, el inédito pronunciamiento de la honorable Corte Constitucional Colombiana que declara al Río Atrato, sujeto de derechos. Decimos extrañeza, porque un país como Colombia, que lejos está de velar y proteger los derechos humanos de la mayoría de su población, reconoce que a un Río se le violan sus derechos, también. Alegría inocente, porque la decisión plantea que la vida está más allá de lo humano y que para llevar a cabo este reto que el Estado se impone a sí mismo, debe defender la existencia de todos los seres que habitan la totalidad de su geografía y esto… es poesía.

Como documentalistas y ante todo, como habitantes de Bogotá, nos hemos venido preguntando por nuestra relación con el agua, nuestra interacción con ella. Hace no tanto tiempo, este territorio era agua, sus habitantes, los muiscas, nuestros ancestros, se reconocían como seres del agua y de la montaña, su cosmogonía giraba en torno a los nevados, páramos, lagunas, humedales y ríos, todos, lugares sagrados donde nacía la vida y se establecía el equilibrio natural. Hace menos tiempo, esta ciudad, decidió negar su conexión con la fuente de la existencia, los cuerpos del agua se encerraron, se canalizaron, se entubaron, quedando el agua y sus formas, contaminadas, relegadas y olvidadas. Intuimos cómo ocurrió este tránsito, y sabemos que en algún lugar y tiempo, perdimos la capacidad para convivir con las dinámicas de la tierra y el agua, capacidad que hoy reclama nuestra inteligencia.  

La sentencia T-622 de 2016 de la Corte Constitucional Colombiana, reconoce al Río Atrato como sujeto de derechos en un manifiesto filosófico y político que recogemos con especial atención, pues interpela nuestra forma de ver el mundo. Por ello viajamos desde el nacimiento del Río Atrato a la parte más ancha y poblada, nos encontramos con las y los guardianes del Río, compartimos la palabra, nos reflejamos y descubrimos a través de ellos que el Río habla, se manifiesta, se conecta con la espiritualidad y purifica la vida. Es también, la población negra y la indígena la que intenta conciliar las dos visiones del mundo al que pertenecen: su raíz de pensamiento y el proyecto occidental que les ha sido asignado. La sentencia establece grandes retos frente a una realidad compleja al tiempo que avanza en su primera victoria: juntar las manos de muchas mujeres y hombres que ven en esta intención jurídica una posibilidad de armonizar a la humanidad con la base de todo cuanto existe. 

Hemos visualizado esta sentencia como un guión que necesita recrearse. Atrato Soy, navega a través de un experimento que busca un nuevo pacto social fundado en pensar, ver, hablar y escuchar a la naturaleza, reconocerla viva y con derechos. Queremos escuchar al Río Atrato, comunicarnos con él, saberle, que nos sepa. Es él la representación viva de una profunda contradicción humana y su cauce, tal vez pueda mostrar la carta de navegación que precise a la humanidad, de nuevo, su encuentro con el sentido de la vida.

Raissa Rosas y Mario Garzón.